Pacquiao, veloz como rayo, domina la pelea con De La Hoya.
Avanza y retrocede tan rápido que no le permite al estadounidense golpearlo. El
jab diestro le está marcando el ojo izquierdo al Golden Boy. Round 7, Pac-Man
lo encierra tres veces contra la esquina roja con combinaciones de tres/cuatro
golpes y genera la preocupación en el mandamás Nacho Berestain, cierra la
vuelta con otra oleada de golpes en la punta azul. En el octavo repite el
asedio en dos oportunidades. Al llegar al banquito en el descanso, hablan
entrenador y pupilo: ya está. ¿Para qué seguir? Gran decisión.
El 6 de diciembre de 2008 será recordado por dos motivos: la
confirmación del filipino Pacquiao en los mejores combates de pago por evento y
la última pelea del que más veces peleó de esa manera (32), De La Hoya.
Ya lo había anticipado Edwin Valero, uno de los sparrings
del Golden Boy, el día del pesaje: “A mí me gusta Pacquiao por KO, hice cuatro
semanas de sparring y me corrieron 2 antes y me dijeron: ‘no puedes estar más
aquí porque Óscar necesita un hombre menos fuerte’”. “A Óscar no le gusta
correr, ¿Cómo quieres ganar una pelea, hermano?”, concluyó su anticipo el
tremendo noqueador venezolano.
Y no estaba errado. La velocidad mató (boxísticamente) a un
De La Hoya de 35 años que estaba en el final de su carrera plagada de logros:
medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, títulos mundiales en
6 categorías (súperpluma, ligero, súperligero, welter, súperwelter y mediano) y
grandes peleas como contra Julio César Chávez, Shane Mosley y Félix Trinidad.
“Manny Pacquiao es un gran peleador, hizo una tremenda
pelea”, reconoció Óscar, que dejó entonces en duda su continuidad como boxeador
profesional: “Mi corazón quiere seguir peleando, pero cuando el físico no
responde, ¿Qué puedo hacer? Tengo que ser inteligente y pensar en mis futuros
planes”. Finalmente, después de la derrota, no volvió a subir al ensogado como
púgil sino como promotor.
La predicción de Valero y el plan de entrenamiento que
Freddie Roach planificó para Pacquiao fueron acertados. El filipino fue
inalcanzable para su rival, además concentró su golpeo en el ojo izquierdo de
De La Hoya que poco a poco cedió hasta quedar casi cerrado. La izquierda recta
fue punzante y clave, pero los ataques combinados del séptimo y del octavo
asaltos fueron determinantes para el desenlace de la pelea.
“Creo que lo hice bien esta noche, tuve suerte de encontrar
el rumbo en el primer round”, analizó, tan humilde como siempre, Manny. Además,
agradeció a “todos los filipinos que se acercaron aquí” y dio el crédito a su
esquina por el resultado: “La velocidad iba a ser la clave y lo trabajamos en
el gym”. Tras el combate, el futuro de Pacquiao todavía no conocía límites, y
en la actualidad, tampoco debido a que siguió peleando en 2018 y tiene pactada
una defensa con Adrien Broner para el 19 de enero de 2019. Actual campeón welter
AMB y ex-campeón de peso mosca, súpergallo, súperpluma, ligero, súperligero y
súperwelter, sin dudas, aquel 6 de diciembre hace diez años fue un choque de
estrellas.

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